Despues de haber vivido
en la primera gran capital,
llegar a un solitario rancho
para empezar a aventurar,
era un muy fuerte cambio
en toda la manera de actuar.
Obviamente sabiamos
que toda esa gente
acostumbrada esta,
pero claro nosotros
nunca podriamos
de esa manera obrar.
Abrimos un profundo pozo
para luego lograr instalar,
aquel desague completo
que nos iba a poder ayudar,
al pequeño rancho aquel llevar
los buenos avances capitalinos
de aquella nuestra bella cuidad.
Perforado aquel famoso agujero
teniendo bastante profundidad,
lo unico que ahora nos faltaba
era la madera que iba a sellar
con bastantita tierra encima,
los ofensivos olores esos
que produce la suciedad.
Me toco a mi en las nuevas maderas
la espesa e impermeable brea colocar,
pero para antes de que eso sucediera
en la lumbre la tenia que calentar.
Como siempre tuve suerte
era un dia bastante especial,
hacia un calor muy horrible
que nadie podia aguantar
y eso fue lo que me obligo
a mi la unica playera quitar.
Cantando dizque contento,
a fuego extremadamente lento
empece a disolver los pedazos de brea,
que luego a manera de pintura iba a poner.
Despues de un rato empece a desesperar
porque aunque quisiera no podia mirar,
a traves de la columna de humo aquel
sin saber que hacer, en la cubeta me agache
y tomando todo el aire que podia le sople.
Como en los cuentos de caballeros andantes
aquellos que se enfrentan a un poderoso dragon,
la flama de la brea me prendio desde el ombligo,
la punta de los pelos, la cabeza y todo alrededor.
Grite horrorosamente espantado
pues no hallaba que habia pasado,
corriendo mi papa me llego a rescatar.
Completamente ahumado
como si fuera pollo rostizado,
tirado en la cama Rosa mi hermana
me tuvo con aceite otra vez que curar.
Una vez de aquel susto recuperado,
aunque estaba todito depilado
tuve que ponerme otra vez a trabajar.